Aleydita la feísima, asquerosa

But still I’d rather be Famous
Than righteous or holy, any day
Any day, any day

Espera que gane tu caballito, espera que salga tu numerito, dice Henry Fiol, ese nioyorquino de alma boricua en una canción que se llama el Ay Bendito. Dice también Héctor en otra que pronto llegará el día de tu suertey pues ese día me llegó, amigos lectores, y yo no lo pienso dejar ir.

Imagínense que mi fealdad es casi mítica y ha traspasado las fronteras nacionales y los obstáculos de las clases sociales y acabó siendo objeto de reflexión de una señora dizque de la alta paisa, que como que vive en México, dizque de apellidos muy encumbrados ella, dizque Uribe Wolff, dizque emparentada con Don Álvaro y Don Antonio, que trata de Piedad a la Señora Piedad, como que hasta es escritora ella y ha desayunado con reyes y marqueses, y yo no puedo dejar de sentir y pensar que este es mi billete de la lotería y que un don como el que mi dios me ha dado, que como todos los dones se entiende me salió gratis, esta, mi sonada fealdad, es el punto de despegue de una fortuna o de una fama que llevo esperando ya varias décadas, y que cómo es posible que yo no me haya dado cuenta de que, al igual que una linda muy linda, puedo estar sentada, en mi calidad de simple fea, en una mina de oro.

Confieso que no me decido todavía entre la fama o la fortuna (esto apenas va en fase de ideación pero esperamos tener un mínimo producto viable en apenas unas horas) aprovechando ya la marca que la Señora Estefanía Uribe Wolff creó para mi emprendimiento: ‘Aleydita, la feísima, asquerosa’, que vea, es una cosa que a usted en un principio le suena mal, como que le choca, pero hemos de reconocerle a la Señora Uribe que me regaló un trabajo que en una agencia de publicidad me habría salido súper caro y que solo ser reconocida como Aleyda, la feísima sería ya todo un logro, pero que es una verdadera joya de la creación de una marca personal esto de Aleydita, la feísima asquerosa, que no es lo mismo que ser una simple Betty la Fea: yo iré un paso o dos pasos más allá, siendo aleydita, así en diminutivo, feísima y asquerosa, una fea disminuida, chiquitica como me quiere Doña Estefanía, no una fea normal como la Betty.

Pensé en un comienzo, tras leer la descripción eso sí poco afinada de Doña Estefanía, en la que habla enconadamente de mi mítica fealdad pero no repara en detalles que habrían sido del mayor gusto del público lector, como las bolas de verrugas que me crecen en las axilas y los nidos de liendres que me habitan el pubis (ni que decir de mis cualidades morales que esas sí dan puro vómito) que podría empezar a cobrarle a la gente por verme, podría salir al Parkway, meterme un una carpa, contratar una asistenta bien hermosa y bien tetona, y cobrar para que la gente entre a ver a la mujer más fea de Bogotá (sabemos que mi fealdad puede abarcar mucho más que los límites de una simple ciudad pero se necesita siempre de un eslogan), pero luego pensé que esta, mi ciudad, es sobre todo reconocida por sus feas y que otra fea bogotana ¿a quien le va a interesar?, que esto de pronto sí sería negocio en el eje donde usted no ve una fea en años y en donde los hombres, sobre todo, podrían hallar descanso a sus ojos siempre atentos a blancas y suaves pieles, a culos de portento y a narices respingonas, ellos gritarían felices, más felices que nadie ¡al fin una pobre fea! ¡es la primera fea que vemos en 87 años! Y así podría empezar a alimentar mi propio mito.

Pero tuve temores, me paré frente al espejo y me dije ¿será que yo sí soy tan fea como dice Doña Estefanía, tanto como para poder cobrar porque la gente admire el mito de mi fealdad? Y me llené de empoderamiento femenino y me dije entonces que quizás no tanto, y pensé que si me pusieran en un concurso de feas con la Señora Estefanía y con la amiga que tiene, dizque una feminista muy famosa, de talla global, de pronto yo no ganaba porque me dije, en ese alboroto de autoafirmación, que yo soy fea pero no tanto como esas señoras, que ya quisieran esas señoras tener las piernas tan bonitas que yo tengo, que no solo son todas torneaditas sino fuertes, y que son fuertes porque mi papá me enseñó a ser fuerte del cuerpo desde que era muy chiquita, y que no necesité de feministas de apellido con guioncito en el medio para saberme fuerte, y que por eso las piernas me sirven no solo para  ponerme minifalda (que se ven muy bien) sino también para irme por montañas muy grandes en la bicicleta, y que también soy fuerte del espíritu porque me lo enseñó mi mamá, que ha sobrevivido como a unas 4 muertes, y que yo no aguanto hambre ni me alimento de bloody mary exclusivamente, para estar flaca como parece que tienen que hacer las feministas famosas, y que mis tetas son todas bonitas y hasta a veces les mando fotos de ellas a los hombres (¡habrase visto el atrevimiento de esta fea!) y que lo que más me gusta de mis tetas es que me salieron gratis y que no he tenido que gastarme el sueldo arreglándome el cuerpo para ser una fea igual de fea pero con menos plata y más tristezas, mendicante de un acéptenme. Me pregunto si es que estas cosas de que uno sea un feo no entecado ni apocado es lo que les molesta a Doña Estefanía y a sus amigas.

Entonces pensé que me abstendría de cobrar por contemplar mi fealdad, pues tuve miedo de que la gente que acudía en masa a contemplar mi inmundicia se sintiera súbitamente defraudada ¿viste? No es tan fea como nos dijeron, esperaba que su piel fuese más como la de un cocodrilo o la de un hipopótamo, y su nariz no es suficientemente grande ¡se ve más fea en las fotos de Instagram! ¡Su aliento no es como el de una alcantarilla!¡ Cuanta venta de humo! ¡que nos devuelvan nuestra plata! ¡en dónde es que está la fea! ¡yo creía que tú eras más fea!

Pero luego me digo ¡Ay Aleydita! que discurso tan barato, deje de ser tan Disney, la ponen a usted de reina de las feas y ahora se quiere bajar usted misma de su pedestal, uno en el que la puso una señora de la alta que de pronto le gana en un concurso de feas pero que más da si a usted ya la coronaron. ¡Qué triste usted buscándose por ahí una que otra belleza mediocre cuando es poseedora de una perfecta fealdad!

Entonces me dije que voy a pararme en la cresta de esta ola (¿la ola feminista?) y aprovecharé el golpe de suerte para que mi nombre (Aleyda) sea mundialmente conocido por mi fealdad y por ahí veremos ya que otro atributo me pescan y puedo entregarme a las dichas de la inusitada fama, igualito que les pasa a los bonitos.

Me ha gustado también el episodio porque me ha hecho caer en cuenta de que ser un arquetipo, incluso de la fealdad, no es un ni mucho menos un don menor, que ya tenemos por ahí a Don Sócrates de quien se dice que los muchachitos bien y bonitos de Atenas vivían enamorados, y no se nos olvide que sin feos no hay filosofía ni ciencia, que es el campo que se sabe que elegimos los feos para poder destacar de algún modo en el mundo.

Si fracaso en el propósito de hacerme famosa como Aleydita la feísima, asquerosa, me haré llamar La Socratesa del Altiplano que eso ya implica no solo mi fealdad sino otro hush hush que corre por ahí, que así como se dice que soy fea también se rumora que soy  inteligente, ¡habrase visto el atrevimiento de esta fea, dizque inteligente y dizque escribe! ¡y dizque no estudió en un colegio de niños bien! Me han contado que así piensan Doña Estefanía y sus amigas.

Supe que Doña Estefanía después se sintió mal por haberme llamado Aleydita, la feísima asquerosa y borró lo que había escrito en su blog personal y se inventó una cosa que se llama dizque ’no hay feas’ y eso sí que no se lo admito, ¿Cómo así que nos habla de una fealdad portentosa y ahora viene a decirnos que no hay feas? ¿qué es es esta puta falta de seriedad? ¡que insulto a la inteligencia del público!

Pues no solo es falso que las feas no existen, yo soy una prueba viviente de ello, y lo son las calles en las que caminan a  toda hora tantos feos y lo es el espejo de Doña Estefanía, sino que además me declaro representante de las feas del mundo y exijo que se nos dé nuestro justo reconocimiento y lugar, que feas y feos sí hay y se cuentan por millones. No, Doña Estefanía, si hay algo que no le puedo perdonar es esa enorme ligereza y esa inusitada corrección política que yo no le intuía, porque dicen que usted es deslenguadísima y que la gente le tiene miedo y que por eso nadie le dice nada.

En todo caso yo entiendo esa patrasiada de Doña Estefanía, eso le queda feo a la amiga defensora de una feminista famosa, la gente va a decir que cómo así que unas feministas ilustradas y educadas en los mejores colegios de Colombia, que están salvado a las mujeres de América Latina, dizque diciéndole fea a una fea además desclasada, hija de un carpintero, educada en Bosa y en la universidad pública, débil y desvalida como yo. Una Uribe Wolff insultando a una Rodríguez, cagándose en la gran base asalariada del país, no Doña Estefanía, eso no tiene presentación alguna, le queda menos feo salir a patear perritos, aunque quizás  usted me considere uno de ellos, pues insinuó también que soy de cánida familia en su ilustre texto.

Eso no les queda bien a las señoras de la alta, por muy poderosas que sean, mucho menos si se meten dizque de feministas, pues nos enseñaron las novelas que Carasucia siempre termina ganándole a la loca embilletada que grita embejucada ¡eres una maldita lisiada! Porque nadie en el mundo se traga el paso de los poderosos sobre los débiles y a ustedes les va a tocar disimular que en el fondo eso es lo que son y lo que quieren seguir siendo: unas señoras poderosas que atropellan a otros cual unos machos. Si es que pretenden seguir manteniendo ese discurso dizque feminista, Doña Estefanía, van a tener que disimular ese asuntico.

Que vean, que ya todos sabemos que ese feminismo como que es de pura portada, pero mantengan un poquito las formas, que igual pueden seguir haciendo como han hecho siempre sus fiestecitas en las que despellejan gentes y dicen de todos y todas que son feas y feos y pobres y malditos y malditas, y seguir escribiendo sus columnas y sus libros para ser famosas, y seguir haciendo las demás cosas que ya sabemos que hacen los niños aclasados en las fiestas con la plata de sus papis.

Entonces mi apuesta será por la fama, pero no cualquiera, ahora que he tenido esta oportunidad quiero que mi fealdad devenga en mito, quienes quieran apreciarla de cerca tendrán que vagar por las noches en las calles de La Soledad (mira tú que otro golpe de suerte es este: una fea que además vive en la soledad, como corresponde a las feas) en busca de mi esperpéntica figura, suelo andar desnuda por las calles exhibiendo impúdica toda mi fealdad, a mi paso van manadas de gatitos tuertos y cojos y sin pelo, me siguen solo los feos (me contaron que eso a Doña Estefanía y a las amigas, a otras que tiene desde hace tiempo, siempre les ha molestado mucho, que como así que una fea y una pobre anda por ahí exhibiéndose sin el permiso de nosotras). También se me puede ver en ocasiones vagar por montañas solitarias en una bicicleta, ¿cómo me distinguirán de otras gentes? Es muy simple: soy tremendamente fea, y si me ven aprovechen a mirarme con detalle que fotos no me dejo tomar de nadie, pues así es que se construye un mito.

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No entiendo los falsos dilemas (I) ¿Conejo o elefante?

..and as they both sink beneath the waves, the frog cries out, “Why did you sting me, Mr. Scorpion? For now we both will drown!” Scorpion replies, “I can’t help it. It’s in my nature!”

The crying game

Hace ya unos meses que concebí el “desmesurado proyecto” de abrir un blog. Cómo creo que los blogs deben tener temáticas específicas, o terminan convirtiéndose en versiones “modernas” del diario de una chica, o en sitios en los que se habla de todo y a la larga de nada, concebí inicialmente el no menos desmesurado proyecto de abrir dos blogs. Uno en el que podría hablar de casi todo lo humano y divino , es decir éste, con el nombre de Cosas que no entiendo, lo que me daría la oportunidad de hablar de muchas, muchas cosas diferentes, conservando no obstante una cierta unidad temática: el enorme conjunto en el que caben todas las cosas que no entiendo. Puesto que las cosas que no entiendo en la vida son cada día más, y paradójicamente, en tanto aumenta mi grado de escolarización, disminuye progresivamente mi comprensión del mundo, así como me abandona cierto sentido práctico, que debería imperar si es que se quiere tener una vida que al menos pueda considerarse loable, dentro de lo socialmente aceptable, y en el promedio de las vidas.

Ese sentido práctico me ha ido abandonando, o lo he ido abandonando yo, o quizás, como las parejas eternas, hemos dejado de prestarnos atención y apenas si recordamos que existimos el uno para el otro. Yo no entiendo mucho el sentido práctico, me peleé con él hace rato y digamos que deploro tanta insistencia en el mundo por él. Sí, hay muchas cosas que yo no entiendo, empezando por la vida misma, si hemos de ser generales.

El otro sería un blog en el que querría dar mis opiniones –de completa inexperta- sobre tantos de los sitios que a diario encuentro en la red, y del que aún no hay evidencia material alguna, que llevaría el alucinante nombre de “Análisis web”, y que por ahora permanece en el enorme cajón de mis proyectos inacabados, o mejor, nunca empezados, muchos de los cuáles nunca pasan de su fase de “idea”.

Naturaleza maldita con la que he intentado luchar por años, pero a la que me he resignado ya alcanzados los 30, cuando he entendido que está en mi naturaleza, y que en todo caso las luchas de uno con uno mismo son las más arduas en la vida, y las más difíciles de ganar. Porque uno es como es y no como quiere ser, ni menos como los demás quieren que uno sea. Es hasta difícil discernir hasta que punto lo que uno quiere ser o hacer, es lo que los demás quieren que uno sea o haga.

Porque pese a las tentativas por modelar esas partes oscuras, derruidas, nunca bien formadas de nuestra existencia, nuestros cuartos de San Alejo, esos cambios sólo tienen lugar en las vidas humanas, de la misma forma en que los continentes sólo se moldean por explosiones volcánicas o temblores de tierra. El alma humana, sea cual sea la sustancia de la que se compone, sólo es moldeable por situaciones extremas, traumáticas, obligantes, que se nos imponen. Claro, esto suponiendo que el carácter humano pueda realmente moldearse como lo hace un trozo de tierra.

Puede pensarse más bien que el carácter o el alma es como un caucho, si lo jalas el caucho estira, pero suprimida la tensión, suprimido el estiramiento. Si hay demasiada tensión el caucho simplemente se revienta y deja ya de ser caucho. Tal vez tampoco sea coincidencia que los estoicos consideraran que la sustancia de la que estaba hecha el alma era el pneuma (aliento vital, soplo, hálito) capaz de “ser contenida por”, pero “incapaz de contener a”.

Sobre conejos y elefantes

Para redimirme de todas las frustraciones reclamos, y expectativas perdidas que pueblan estos 30 años, he elaborado una hipótesis personal: pienso que hay gente “conejo” y gente “elefante”.

Los conejos, bien es sabido, son animales cuyo ciclo de vida es rápido. Su gestación dura tan sólo 30-32 días, tienen camadas que varían desde los 3-16 gazapos (presencié con mis propios ojos el nacimiento de una de estas fantásticas camadas), estrategia reproductiva con la que intentan poner en el mundo tantos especímenes como sea posible, dado el ciclo de vida relativamente corto, si se le compara con otras especies mamíferas: en el mejor de los casos vivirá 8 años humanos, que en tiempo conejil no se a cuanto equivalga. En todo caso, debe tratarse de un conejo viejito, muy viejito.

Pueden entrar en un nuevo ciclo gestacional tan pronto han parido, es decir, la coneja está apta para “recibir” al conejo de nuevo tan pronto ha dado a luz. Y si hay algo más rápido en el mundo que el polvo de un gallo, es sin duda el polvo de un conejo.

Son aptos para reproducirse desde los 3 meses. Crecen con mucha rapidez, alcanzando un peso adecuado para su sacrificio y posterior ingesta en tan sólo 70 días, al cabo de los cuáles han alcanzado un peso vivo de aproximadamente 3.5 Kg, partiendo de aprox. 50g al nacer. Cuando enferman sus procesos son rápidos, se deterioran con facilidad, son frágiles, una enfermedad hace curso en ellos en unas pocas horas y casi todas las que los aquejan son potencialmente mortales. Claro, todo esto visto desde nuestra propia perspectiva y percepción del transcurrir del tiempo.

Los elefantes, en contraste, son animales cuyos procesos son tremendamente largos. Los elefantes son longevos, viven aproximadamente 80 años, son los mamíferos con el tiempo de gestación más largo, 22 meses, al cabo de los cuáles nacen con un peso de 115 kg, para llegar a las 5-8 toneladas en su vida adulta, dependiendo de si es Africano o Asiático. Su andar se le antoja lento al ojo humano, sin embargo corren a 40 Km /h, más rápido que el humano más rápido. Su piel es dura, muy gruesa e impenetrable. Son animales fuertes, fuertísimos y feroces, pese a sus rostros amigables, de los que se dice, son los verdaderos reyes de la selva. Las hembras están listas para reproducirse sólo hasta los 30 años, pariendo sólo una cría durante su vida, y son los mamíferos con la infancia más larga en todo el reino animal, (11-12 años), la cría puede mamar hasta los 6 o 7 años, conservándose el vínculo maternal estrecho hasta los 20-22 años. Claro, todo esto visto desde nuestra propia perspectiva y percepción del transcurrir del tiempo.

Yo soy un elefante.

Sobre los falsos dilemas

Un falso dilema consiste en construir o elaborar discursivamente dos y sólo dos soluciones, rutas, alternativas, opciones, que además se caracterizan por contrastar dramáticamente y que constriñen a la elección. Involucran generalmente juicios de valor acerca de las facciones involucradas. O eres conejo o eres elefante. Sirven, desde la perspectiva pragmática del lenguaje, a la tarea de crear identificación y adscripción de un sector, y en consecuencia, aversión y reprobación por quienes no están del lado “indicado”, el que generalmente se considera el “buen lado”, ya que los falsos dilemas hacen todos parte de uno mucho más general y arraigado en la cultura: “o eres bueno o eres malo”, de ahí su clara filiación moral.

En todo caso, sólo una ruta podemos elegir cada vez (lo cual da sentido a la existencia de los falsos dilemas, pues constriñen a la elección). Así nuestra calle sea como mi calle: una encrucijada con seis, siete , o muchas bifurcaciones, sólo podremos caminar cada vez por una. No ha de ser casual que Edipo mate a su padre en una encrucijada de un camino. Abrir una puerta es cerrar infinitas puertas más:  el enorme e inconmensurable reino de todo lo que pudo haber sido y no fue. Miles de destinos negados, y de oportunidades perdidas. Me acuerdo ahora de Javier Marías, en Corazón tan Blanco, pero es ya muy tarde para hablar de eso.

Un saludo a todos los hermosos elefantes del mundo entero.

Hello world!

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